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Como un problema muy serio que la química tendrá que reconducir. Así se refirió ayer durante la presentación de los resultados de Bayer en nuestro país el máximo responsable del grupo alemán en España, Francisco Belil al Plan Director del Camp de Tarragona, que, según él, de aprobarse tal y como está ahora, significará el cierre del polígono petroquímico de Tarragona y, por tanto, de la desaparición de 30.000 puestos de trabajo entre directos e indirectos.
N. Pérez-J. García/Barcelona-Tarragona
economia@diaridetarragona.com
El vicepresidente de Bayer Hispania fue rotundo. Para él, «la aprobación del documento presentado por la Generalitat supondría un cambio en el modelo de país por el que se ha estado trabajando hasta ahora y apostar por un sector en detrimento de otros y no por una economía equilibrada como ha sucedido hasta el momento». Pese a ello, Belil, que también es presidente de la patronal española del sector, la Federación Empresarial de la Industria Química Española (Feique), se mostró convencido de que el plan se corregirá, en primer lugar, porque, según él, no cumple con los objetivos de la primera página, es decir, los que motivaron su aparición. «No creo que el país quiera asumir el coste de cerrar el complejo petroquímico más importante no sólo de España sino de todo el sur de Europa y acabar con 30.000 empleos, que además son de calidad», afirmó para, a continuación, añadir: «estamos a favor de que exista un plan director, pero un plan que garantice el equilibrio entre sectores, al
go fundamental para el propio país, que viene de atrás y por el que han apostado las autoridades y también las empresas químicas».
El Diari intentó ayer sin éxito que el sector turístico diera su opinión sobre estas declaraciones pero representantes del mismo declinaron, de momento, posicionarse e instaron a esperar a las alegaciones y valoraciones del Plan Director del Camp de Tarragona que darán a conocer los próximos días.
El Libro Blanco, el otro peligro
Otro de los problemas que amenazan al sector, según Belil, aunque, en este caso, no sólo en Tarragona sino en toda Europa es la aprobación del Libro Blanco sobre la estrategia de productos químicos. El presidente de Feique declaró que si la industria no consigue reorientarlo supondrá la relocalización de actividades fuera de la Unión Europea.
Por lo que se refiere estrictamente a la evolución del grupo alemán en España, el responsable de Bayer aseguró que 2002 fue un año de transición marcado por la reorganización más importante que ha efectuado la multinacional en sus 140 años de historia -que ha comportado la transformación en empresas independientes de sus distintos sectores de actividad: salud, agricultura, polímeros y química-, la integración de la división agroquímica de Aventis y el impacto económico de la retirada del medicamento Lipobay.
Pese a ello, los resultados del grupo en España fueron mejores que los de la multinacional. En concreto, las ventas en el mercado nacional crecieron un 2 por ciento y las exportaciones un 31 por ciento, lo que permitió cerrar 2002 con una facturación de 1.122 millones de euros, un 8 por ciento más que el ejercicio anterior, frente a la caída del 2,2 por ciento registrada por el grupo.
Los beneficios se doblaron
Además en este periodo, el grupo consiguió doblar en España sus beneficios al pasar de 40 a 86 millones -de los cuáles 14 correspondieron al saldo entre las entradas y salidas de activos y empresas que se registraron el 2002- y permitieron a la multinacional recuperar el nivel de ganancias que cabe esperar de la empresa, que en 2001 fueron excepcionalmente bajos y que en 2003 incluirán la venta a principios de este año de la fábrica que Bayer tenía en la calle Calabria de Barcelona, que consideraba inviable urbanísticamente y cuya producción ha traspasado al grupo Indukern de Terrassa, que, además, asumirá la elaboración de pomadas y cremas que hasta ahora se hacían en Leverkusen.
Paralelamente también creció la plantilla del grupo, que pasó a ser de 2.528, un 11 por ciento más que en 2001 por la incorporación de personal de Aventis CropScience y el fuerte crecimiento de Euroservices, una nueva filial que da servicios de contabilidad desde Barcelona a todo el grupo y que el año pasado creó 170 puestos de trabajo.
Las inversiones en 'stand-by'
Lo que sí cayó fue el ritmo de inversiones, que en 2001 alcanzaron los 30 millones de euros y el año pasado sumaron 22 millones, de los cuáles buena parte se destinaron a la ampliación de la capacidad de producción de plásticos estirénicos en Tarragona.
Para 2003, la empresa ha presupuestado unos desembolsos similares a los del pasado ejercicio, aunque, según informó Belil se están estudiando nuevos proyectos que podrían tener a las instalaciones españolas como protagonistas. Entre ellas, los responsables de Bayer hicieron referencia a las de Tarragona. No en vano, en el área de polímeros, el grupo ha optado por las factorías tarraconenses para centralizar en ellas la producción de termoplásticos de color y para ubicar uno de los cuatro centros de producción de sistemas de poliuretano de la multinacional. En concreto, quien se encarga de esta actividad es Betapur, que acaba de cumplir un año, ha generado un negocio de 30,4 millones y unos beneficios después de impuestos de 3,2 millones y, en breve, tendrá su sede central en Tarragona, como ya avanzó el Diari el pasado 4 de abril.
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