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Tengo 48 años. Nací en Granada. Estoy casado y tengo tres hijos. Soy catedrático y profesor en la facultad de Medicina de la Universidad de Granada. Dirijo MADE (Medicina Ambiental Disruptores Endocrinos), donde estudiamos los efectos de los contaminantes medioambientales en la salud humana para la Unión Europea
IMA SANCHÍS - 05/03/2003
-¿Qué nos está pasando, que ya no podemos reproducirnos naturalmente?
–Se apuntan distintas causas. Entre ellas, los productos químicos de uso industrial que yo destacaría entre todas las demás; contaminantes medioambientales que modifican el equilibrio hormonal y provocan alteraciones en nuestro organismo.
–¿Desde cuándo lo sabemos?
–La capacidad de contaminantes medioambientales para interferir en la función endocrina fue establecida hace más de 30 años, cuando se asoció la caída en la población de pájaros piscívoros en EE.UU. a problemas reproductivos graves provocados por el DDT.
–Pero se retiró.
–Sí, pero los científicos nos seguimos preguntando por qué el 47% de los niños que nacen tienen DDT/DDE en su organismo y la respuesta es que lo heredan de sus madres durante la lactancia. El 100% de los adultos europeos y americanos tienen DDT/DDE en sangre; seguimos arrastrando sus residuos.
–Preocupante.
–Mucho. La UE tiene una lista de 560 productos químicos de uso habitual que amenazan la capacidad reproductiva de todos los seres vivos del planeta. De estos hay 60 históricos cuyo uso ya se ha prohibido en el Primer Mundo (aunque algunos se siguen utilizando). El resto de los compuestos químicos seguimos testándolos para conocer su efecto y hay 112.000 nuevos de los que no sabemos nada.
–¿Y cómo los ingerimos?
–Forman parte de nuestra vida, contaminan el suelo y por tanto los alimentos; otros los ingerimos directamente como el BPA.
–¿Qué productos lo llevan?
–Los biberones esterilizables que yo mismo he utilizado para mis niños: con el calor el Bisfenol-A se disuelve y es hormonalmente activo. Ese compuesto es la estrella de la industria química de los plásticos; lo encontramos en biberones, recubrimiento interior de latas de conserva, pegamentos de dos tubos, empastes dentales, papel reciclado, líquido de frenos...
–Estupendo.
–Se descubrió paralelamente el BPA y el DES, ambos estrógenos sintéticos. El DES, que era más potente, pasó a uso farmacológico y el BPA a la industria química de los plásticos.
–¿Con qué resultado?
–El DES se recetó a millones de mujeres embarazadas en el mundo por amenaza de aborto. Veinte años después las hijas de esas mujeres tenían cáncer de vagina.
–¿Y qué pasa con el BPA?
–Cuando lo ingieres imita a tus hormonas estrogénicas, hormonas femeninas, es un factor más de la infertilidad masculina.
–¿Entonces?
–Es difícil establecer una relación directa de los compuestos químicos con el efecto porque las enfermedades son múltiples causas que convergen. La UE está pidiendo evidencias para retirarlos, pero todo depende de donde establezcas el listón de la evidencia.
–¿La evidencia ya está demostrada en animales?
–Sí, absoluta y claramente. Son múltiples los ejemplos recogidos de disrupción hormonal. En las rías gallegas el 65% de las hembras de la “Nucella lapilus” tienen pene, sufren de imposex (sexo impuesto). Esa enfermedad la provoca el TBT utilizado en la pintura de los barcos y acabó con esa especie animal en el sur de Inglaterra.
–¿Afecta a animales más grandes?
–Por supuesto. Por ejemplo, la población de caimanes del lago Apopka, en Florida, que fue expuesta al pesticida dicofol en los años 80 ha provocado que los caimanes machos que entonces eran huevo no tengan hoy ni pene ni testículos. Otro estudio reciente sobre los osos polares pone en evidencia la masculinización de las hembras.
–¿Cómo llegan hasta allí los compuestos químicos?
–Viajan desde las zonas agrícolas por el aire y caen en los polos en forma de precipitación de nieve. Y también se han observado alteraciones gravísimas en las ranas.
–¿De qué tipo?
–La hormona del tiroides es la responsable de la metamorfosis de la rana. Resulta que hay compuestos que están alterando esas hormonas tiroideas y las ranas no pasan de renacuajos. Si ese problema se llega a manifestar en humanos va ha ser gravísimo, porque el tiroides controla todo nuestro desarrollo (de comportamiento, neuronal, inteligencia..) desde que nacemos hasta que morimos.
–Pero los compuestos están testados.
–No en todos los supuestos, es decir nadie se preocupa de mirar cómo afecta un compuesto determinado a las hormonas tiroideas. La industria química va por delante del conocimiento que tenemos los científicos. Sabemos que el TBT es el causante del imposex de los peces. Pero nadie ha medido la tasa de TBT en las personas y no hay motivo para pensar que nosotros seamos diferentes al resto de los animales.
–¿Tiene alguna propuesta?
–Llevamos 17 años investigando y tenemos más preguntas que respuestas. Sabemos que hay exposición y que hay signos de alarma importante en la vida animal, que las cosas no van bien. En humanos, la mortalidad por cáncer se incrementa anualmente un 1,83%; deberíamos reducir la exposición.
–¿Cómo?
–Acatando el principio de precaución que aprobó la Unión Europea y que establece que si no se está seguro de la inocuidad de un producto, mejor no correr riesgos.
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