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LAURA FERRANDO/MADRID
Un sistema anti-graffiti a base de ceras es el único capaz de acabar hasta con la sombra de estas polémicas pinturas, cuyos artífices ingenian constantemente tretas, como añadir gasoil a la pintura, para evitar su eliminación, una tarea a la que los ayuntamientos destinan cada año millones de euros.
Se llama ROT y es de origen sueco. Consiste en un líquido denso que se sella sobre el graffiti con un plástico y se deja actuar entre 12 y 24 horas, para luego extraer, mediante un chorro de agua a presión, hasta los mínimos restos de pintura adheridos a las paredes de calles, monumentos o estaciones de metro, según explicó Manuel Dégano, director comercial de la empresa que distribuye el invento en España.
Aunque no quiso desvelar la fórmula de su sistema, reconoció que se compone principalmente de «microceras base agua» capaces de introducirse entre los poros de los muros y acabar con todo vestigio, lo que no consiguen los servicios municipales de limpieza, que utilizan agua a presión y un detergente universal que sólo elimina la parte externa.
Estas microceras son también un método de protección de las fachadas y una alternativa al barniz, que si bien forma una película protectora «amarillea con el sol» y no permite «respirar» a la piedra, que «puede llegar a romperse», circunstancia de especial relevancia si se trata de edificios históricos o monumentos. Entre los usuarios de ROT destaca el Metro de Madrid, uno de los lugares preferidos por los grafiteros de toda España.
Además, colabora con los servicios de limpieza de su ayuntamiento, que ha invertido este año más de 6,5 millones de euros en quitar pintadas, pegatinas y carteles. El porcentaje de presupuesto que los servicios de limpieza destinan a acabar con los grafitti es similar a otras grandes capitales, cuyos grafiteros comparten señas de identidad, vivan donde vivan. Mientras que la comunidad degrafiteros y afines considera a sus miembros como verdaderos artistas, que se comunican utilizando los muros, el hecho es que es una actividad ilegal. Por ello llegan a arriesgar su vida, ya sea escalando edificios para alcanzar los muros más altos o parando, con el freno de emergencia, los trenes para pintar los vagones, una de sus presas preferidas
ARTE POLÉMICO
En grupo: Van armados de aerosoles o rotuladores, suelen pertenecer a un grupo, se llaman a sí mismos escritores, firman con su apodo o tag, bombardeando las paredes con su personal marca para alcanzar fama y prestigio, como les ocurrió a Muelle o Sex, y se gobiernan por la norma de no pintar sobre la obra de otro hasta que se haya deteriorado.
Exposiciones: Muchas de sus obras se exponen, como en el caso de la ruta organizada por el ayuntamiento de Granada, o se subastan -lo que ocurrió por primera vez en Nueva York en el año 2000-, hasta el punto de pagarse 700.000 euros por el graffiti Peter y el lobo de Jean-Michel Basquiat.
Novedades: El gasoil en los rotuladores es el último ingenio de los grafiteros y las microceras el de quienes son contratados para acabar con sus creaciones.
(FOTO: PAREDES PINTADAS. Las ciudades de cualquier parte del mundo están cubiertas de graffiti. /LA VERDAD)
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