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51.- 20/Mayo/2002: LA DIGNIDAD HUMANA Y EL HAMBRE
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LA
DIGNIDAD HUMANA Y EL HAMBRE Con
demasiada facilidad e imprecisión se suele hablar de "puntos
negros" de los derechos humanos en el mundo. Pero, ¿se puede decir
realmente que es un mero "punto negro" el hecho de que 1.300
millones de personas, más del 21% de la población mundial, traten de
sobrevivir al día con menos de un dólar? Más bien parece un agujero
negro que engulle sin conmiseración la dignidad y los derechos humanos,
universal y moralmente reconocidos, de millones de personas. En
este contexto, en donde –según la FAO– 225 familias poseen el 47%
de la riqueza total del planeta, la tesis reivindicativa de una
necesaria redistribución -justa y moralmente legítima- de la riqueza
mundial nos parece, aunque acertada, algo ingenua en el fondo. Esto es
así, porque, desde nuestro punto de vista, apelar a la ausencia de
voluntad política –como paso inmediato tras esa tesis
reivindicativa– para intentar explicar esta no distribución de la
riqueza, supone un error de interpretación política, que, en el fondo,
nada explica: decir que no se resuelven determinados problemas porque no
hay voluntad política de resolverlos, no añade conocimiento alguno, ya
que se obvia (por ignorancia o malignidad) el meollo de la cuestión: ¿por
qué no hay voluntad de resolverlos? La única perspectiva, por tanto,
que nos parece fecunda para entender las causas materiales de esta
circunstancia mundialmente extendida, es la siguiente: todo lo que
sucede se debe, siempre, a razones necesarias que provocan su
existencia. Es decir, todo lo que sucede es, por tanto, necesario que
suceda. Desde
esta perspectiva, en la que queremos movernos, las desigualdades
–abismales, a veces- son fruto, por tanto, de una estructura imperante
que, sin embargo, ha conocido "distintas versiones", digámoslo
así. La primera versión (o versión dura), que es propia del
capitalismo clásico o "salvaje", sostiene -desde una posición
darwinista mal aplicada- que las diferencias sociales y económicas
poseen una base biológica o "de cuna". |
Por
su parte, en la segunda versión (o versión blanda), sin negar en ningún
momento la tesis de la desigualdad entre los hombres, el mercado
(palabra totémica) se utiliza como elemento articulador de la sociedad:
sostienen sus defensores que el mercado posee la virtud de poner a cada
cual en el lugar social que le corresponde; no siendo, en verdad, otra
cosa que una distribución aleatoria -en gran medida- de la miseria
estructuralmente necesaria. (Podemos observar, de un tiempo a esta
parte, el surgimiento de una aparente tercera versión de esta
estructura que aquí analizamos: el capitalismo "con rostro
humano". Como su propio nombre indica, no es más que mero
maquillaje superficial, electoralmente eficaz.) Si
seguimos analizando los problemas desde esa perspectiva más arriba
sugerida, llegamos a la conclusión de que el sistema económico
capitalista tendrá que evolucionar, progresar, hacia formas cada vez más
humanas de integración, y no de exclusión. Y esta evolución se
producirá no por "voluntad de cambio", sino porque los
conflictos, problemas y aporías generados por tal sistema lleguen, en
algún momento, a ponerlo en peligro. En este sentido, nos produce risa
y mofa la necia tesis "filosófica" del llamado "fin de
la historia": el capitalismo aeternum; una tesis que tantos
mandarines del sistema predican y tanto pseudointelectuales cebados de sí
mismos repiten. Francisco
José Alonso Rodríguez Presidente
Nacional de la Liga Española Pro-Derechos Humanos
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