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Artículo publicado el 25/11/02 en el nº 92 de Titulares1a3.
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La
invasión de las palomas Diari de
Taragona.es, 21/11/02 |
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Vecinos
de la calle Lleó, en la Part Baixa de la ciudad, no pueden abrir ventanas
ni balcones porque las aves se les cuelan hasta la cocina Los
Pájaros de Hichtcock existe. No se encuentran en una verde pradera
rodeada de viviendas de estilo anglosajón, ni el colegio del barrio es un
bello edificio de madera rodeado de naturaleza. Más bien, la escuela del
Carme está rodeada de casas y pisos degradados en un barrio, el marinero,
que pide a gritos una urgente actuación urbanística para devolverle el
esplendor que algún día debió tener. Los pájaros de la calle Lleó son
palomas y palomos que han decidido amargarles la vida a sus convecinos
humanos, gente humilde, trabajadores, jubilados y una niña a la que su
abuelo va a recoger a la escuela rodeada de casas viejas. En los bloques de pisos de
los números 54 y 54 bis de la susodicha calle degradada, las palomas han
decretado la guerra a los humanos que allí, mismamente, sobreviven. Son
personas sencillas como Francesc García, que se ha encerrado en su cuarto
piso del número 54. «Si abro las ventanas, se me cuelan las palomas».
Es como vivir en una burbuja. De parecidos aconteceres se lamenta Vicenç
Martorell, vecino del 54 bis: «No puedo abrir ni ventanas ni balcones
porque se me cuelan las palomas. Es irresistible», apunta. Irresistible y
a veces irrespirable, porque los alados hacen sus cosas en el lugar más
inoportuno. «En el Ayuntamiento nos dan largas», lamenta. Lo cuenta Francesc minutos
antes de ir a recoger a su nieta al cole del barrio: «Después de que
protestáramos, el Ayuntamiento envió a unos técnicos vestidos de
blanco, que procedieron, con mascarillas incorporadas, a limpiar la casa
de enfrente, y cerraron sus ventanas con la buena intención de cortarles
el paso a la aves. El resultado es que las palomas, habituadas a entrar en
esa casa, lo hacen ahora donde pueden». Francesc se encontró un día
con dos palomas subidas encima del armario de una de sus habitaciones. «Mi
mujer encontró otro par encima de la cama. ¡Con el mal olor que desprendían!». Una trampa doméstica Encima de su piso se halla
un pequeño y viejo habitáculo, diseño Tercer Año Triunfal, con unos
depósitos de agua que recuerdan los de la postguerra. Una ventana conduce
al tejado. Allí colocó Francesc unas púas metálicas a modo de espantapájaros.
Se trata de una hilera de alfileres de gran formato situadas en la
cubierta de la casa, donde el tejado pierde su nombre para precipitarse al
vacío. Las palomas no se posan ahí, pero sí en otros puntos del tejado.
Y lo dejan todo hecho unos zorros. Martorell, el vecino del
54 bis, pide que el consistorio actúe porque de lo contrario «ya no podré
abrir más las ventanas. Es como vivir encerrado en mi propia casa».
Rodeado por palomas. |