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Artículo publicado el 18/11/02 en el nº 91 de Titulares1a3.
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Los halcones cambian los hábitos de las palomas londinenses
CNNenespañol.com, 13/11/02 |
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LONDRES (AP) -- En una madrugada fresca, mientras
la mayor parte de los habitantes de la capital británica aún duermen,
una fuerza especializada libera a la ciudad de una plaga. Buzz, un halcón amaestrado de dos años,
sobrevuela la Abadía de Westminster, el Parlamento y otros monumentos
nacionales en busca de uno de los peores azotes del Londres moderno: las
palomas. Buzz y su entrenador Roger Polley se despiertan a
las 4 de la mañana tres veces por semana y suben a la azotea del edificio
del Tesoro, donde Buzz remonta vuelo. Su presencia basta para espantar a
las palomas más recalcitrantes. "Es como tener un tigre suelto en la sala.
Uno no va a quedarse para averiguar si es capaz de alcanzarlo ni va a
volver para comprobar si todavía está ahí", dijo Polley. El deporte de la cetrería -la caza de presas
salvajes por medio de aves de rapiña entrenadas- se practica en Europa
desde el siglo VI, pero hace poco tiempo algunos falconeros astutos
pensaron que su afición podría tener aplicaciones comerciales. Las autoridades de la ciudad dicen que millones de
palomas están enfermas. Además, dejan recuerdos de su presencia en
estatuas y edificios históricos cuya limpieza cuesta miles de dólares. Ya eran tantas, que el año pasado revocaron la
licencia del último vendedor de alimento para palomas en la Plaza de
Trafalgar, poniendo fin a una tradición turística de varias décadas. ¿Ley natural o una drástica
medida?
El
jefe de Polley, David van Vynck, dijo que su cetrería familiar decidió
entrar en el negocio del control de plagas cuando exhibía las aves en una
feria rural hace unos diez años. "Un
panadero local que vio nuestras aves nos preguntó si podíamos espantar
los gorriones de su negocio. Al principio, éramos los únicos que lo hacíamos",
dijo van Vynck. "Aunque el deporte de la cetrería se practica desde
la Edad Media, el uso de las aves para espantar a las especies que son
plaga es un fenómeno de la edad moderna". En
la actualidad, varias empresas de cetrería compiten en Londres. Los
contratos para mantener libres de palomas decenas de lugares de la capital
-como la calle Downing, donde reside el primer ministro- pagan hasta
42.000 libras (65.000 dólares). Algunos
activistas por los derechos de los animales dicen que los halcones no se
limitan a espantar su presa sino que la matan. Pero
van Vynck asegura que un ave de rapiña no podría matar más de una presa
por día. Su tarea, dijo, consiste en "cambiar los hábitos de las
palomas, que son criaturas de costumbres. El halcón de la raza Harris es
una herramienta excelente para expulsar a las palomas de lugares a los que
de otro modo no podríamos llegar". Richard
Lewis, administrador del edificio del Tesoro, que acaba de ser restaurado,
dijo que el gobierno había acudido a los halconeros porque querían una
solución incruenta. "Las
alternativas son matarlas a tiros o envenenarlas, pero ninguna de éstas
resulta aceptable en estos tiempos", dijo Lewis. Los halcones son
"la manera natural de hacer las cosas", afirmó. Una "oficina" al aire
libre
La
empresa de van Vynck tiene 20 halcones Harris y 20 de otras especies para
la caza tradicional y las exhibiciones. Los
halcones, que valen entre 300 y 400 libras (450 a 600 dólares), son
llevados a diversos lugares de Londres, tales como estaciones ferroviarias
y parques. Los
siete halconeros mantienen estrechas relaciones con las aves. El halcón
de Polley tenía la costumbre de golpearlo en la cabeza cuando volvía a
posarse en su brazo, pero afortunadamente abandonó ese hábito. Para
Polley, un ex obrero fabril que se dedica a la cetrería desde hace dos años,
este trabajo es uno de los mejores del mundo, a pesar de tener que
levantarse en la madrugada. "Mire
qué panorama", dijo, contemplando el edificio del Parlamento, detrás
del cual se asomaba el sol. "¿Quién tiene semejante vista desde su oficina?".
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