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Artículo "ESPECIAL: La lejía ¿el desinfectante ideal?. Un producto con un elevado espectro de acción" publicado el 22/07/02 en el nº 75 de Titulares1a3.
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Esta semana: ESPECIAL: La lejía ¿el desinfectante ideal?. Un producto con un elevado espectro de acción |
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ESPECIAL:
La lejía ¿el desinfectante ideal?. Un producto con un elevado espectro
de acción Consumaseguridad.
José Juan Rodríguez Jerez 1 de octubre de 2001 Existe una gran cantidad de productos químicos que se pueden
emplear para la desinfección de las diferentes superficies, tanto en el
ámbito doméstico como en el industrial. Entre todos ellos, la lejía o
hipoclorito sódico, es el de primera elección ya que posee un elevado
espectro de acción. Además no es caro y es de fácil utilización. La lejía o hipoclorito sódico es un producto muy bien aceptado
por el consumidor español, quien considera que es la manera más eficaz
de conseguir la desinfección. Suele realizarse una asociación de ideas
entre el olor a lejía y la desinfección. Sin embargo, la lejía
presenta algunos inconvenientes como su poder de corrosión contra el
acero inoxidable (sólo si se emplea a muy elevada concentración), su
gran inactivación por parte de la materia orgánica y su característico
olor. Estos inconvenientes hacen que al consumidor se presentan otros
productos con fragancias más agradables. Pero nunca se debe olvidar que
la higienización pretende reducir los niveles de contaminación de
superficies para garantizar unas óptimas condiciones de higiene y de
salubridad. Por ello, lo importante no es el color o el olor de los
productos sino garantizar un poder desinfectante similar a la lejía,
que es considerada siempre como el producto desinfectante de referencia.
El mecanismo fundamental de este producto es la acción oxidativa,
ya que la formación y liberación de radicales libres asegura una
adecuada inactivación de los microorganismos adheridos a superficies,
siendo evidente y, también demostrable, la acción antimicrobiana. El equilibro de la reacción está muy influenciado por el pH, de
forma que las soluciones de cloro son mucho más efectivas a pH
ligeramente ácidos. La mayor variación de la actividad se produce
entre pH6 y pH8, siendo máxima por debajo de 6 y mínima por encima de
8. Sin embargo, el empleo de lejía a un pH ácido permite la
evaporación del cloro, con pérdida de la actividad desinfectante,
especialmente si se almacena a temperaturas elevadas. Por este motivo,
en algunos casos se le añaden alcalinizantes, como el carbonato sódico.
Como se ha señalado, a pH superior a 8 la actividad antimicrobiana
disminuye, por lo que los hipocloritos estabilizados a alto pH necesitan
una mayor concentración de cloro para ejercer la misma acción
desinfectante. Así mismo, es muy importante que la solución desinfectante moje
bien la superficie a tratar, ya que en caso contrario no se produce una
adecuada desinfección. Para evitar este problema, se debe proceder
primero a limpiar o mezclar el producto clorado con agentes tensoactivos.
Es decir, un detergente, que permite la interacción del desinfectante y
la penetración en los posibles residuos. El cloro se inactiva con la presencia de materia orgánica y, en
especial, con residuos hirocarbonados, proteicos y con aguas que poseen
una elevada concentración de sales de calcio y de hierro. Esto se debe
a la unión del cloro con restos ionizados de estas moléculas. Como
consecuencia, la actividad de la solución de cloro disminuye de forma
sensible, siendo más susceptibles a este fenómeno las soluciones más
diluidas. Para evitarlo, el empleo de soluciones cloradas ha de
realizarse después de una correcta limpieza que garantice la eliminación
de materia orgánica.
El poder desinfectante del cloro es uno de los más importantes
entre los desinfectantes conocidos. En general, todos los
microorganismos como bacterias, virus, mohos, levaduras, esporas, algas
y protozoos se ven inhibidos o destruidos en mayor o menor medida. De
entre los contaminantes fecales, algunos de ellos con una elevada
capacidad patogénica, hay que considerar los Gram negativos y, en
particular, las enterobacterias. Para estos microorganismos, y después
de haber formado biofilm en la superficie, el hipoclorito o lejía es
capaz de eliminarlos en el 100% de los ensayos. Las esporas bacterianas son más resistentes que las formas
vegetativas, así como las bacterias Gram positivas, como el Staphylococcus
aureus, que tienden a ser más resistentes que los Gram negativos.
Los mohos, en cambio, son más resistentes a la acción del hipoclorito
que las células vegetativas bacterianas. No se conoce muy bien la
causa, ya que se trata de células tipo eucariota. Probablemente la
justificación se deba a la dificultad del hipoclorito para atravesar la
pared celular. En el caso del Cryptosporidium, parásito responsable de
brotes de origen en las aguas de consumo en Estados Unidos que ha
afectado a más de 100.000 personas, el desinfectante más efectivo es
el cloro. Consigue la destrucción de la formas vegetativas y que los
ooquistes pierdan su capacidad infestante. Todas las formas de cloro son
activas contra este parásito, ya que la aplicación de 80 ppm de cloro
(hipoclorito) consigue una completa inactivación. BIBLIOGRAFÍA ·
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