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El urbanismo,
vital en la higiene
Sagrario Anaut presentó su libro
sobre el reformismo social que vivió Pamplona entre 1880 y 1936
Noticias De Navarra.com, 26/06/02 CARLOS P.MARCHAL - Pamplona
A
finales del siglo XIX, Pamplona era una ciudad amurallada, sin
industria, con una importante presencia militar y en la que comenzaba a
haber una preocupación cada vez mayor por la sanidad y la higiene. Un
reformismo social que, llevado por médicos, políticos y arquitectos,
contribuyó a que hoy todos podamos disfrutar de unas calles como la que
tenemos. Luces y sombras de una ciudad, un libro publicado por la
historiadora Sagrario Anaut, cuenta los cambios que tuvo Pamplona entre
1880 y 1936.
"A mí me ha entusiasmado la historia social de Pamplona y espero
que a los que compren el libro también les entusiasme su lectura. Es un
texto que puede ser leído por aquellos que aman Pamplona y quieren
acercarse a su historia", explicó Anaut. El libro prueba cómo la
medicina y el urbanismo fueron de la mano para mejorar la calidad de
vida de todos los ciudadanos. A comienzos del siglo XX, la lucha contra
los problemas de salud se basaba en cubrir las necesidades más
primarias para, a continuación, consolidar la previsión social y
garantizar la asistencia sanitaria.
Entre algunos personajes que se preocuparon por la sanidad destacaron el
obispo de Pamplona por entonces, J. J. Úriz, o todo un médico como
Agustín Lazcano. Úriz, por ejemplo, quiso mejorar las condiciones de
vida de los niños expósitos para controlar su elevada mortalidad, así
como facilitar el sistema de adopción.
Derribo de la muralla
Lazcano, por su parte, veía que las características morfológicas de
la ciudad no favorecían la higiene: calles estrechas, edificios altos,
pequeños patios sucios, sin luz y ventilación, deficiente
alcantarillado, desinfección, escasa calidad y cantidad del agua,
carestía de alimentos..., por lo que el médico propuso: "Todos
estos males pueden evitarse consiguiendo el derribo de las
fortificaciones exteriores en los glacis llamados de la Media
Luna". Así, Lazcano, junto a otros arquitectos, contribuyó a lo
que luego serían los ensanches.
Prevenir era la mayor preocupación de los reformistas por aquel
entonces y por eso querían higienizar la ciudad y cambiar las
infraestructuras. No obstante, el higienismo y el reformismo social no
es algo propio de Pamplona, sino que fueron dos fenómenos que se dieron
en toda Europa. En Navarra, no todo fueron facilidades a la hora de
plantear todas estas mejoras. La población tenía muchas dudas ante
tanto cambio y los reformadores tuvieron que dar conferencias para
"convencer" a los ciudadanos de la necesidad de realizar
cambios.
La primera ley estatal que contribuyó a mejorar el sistema sanitario se
dio en 1904 que se dio más competencias en esta materia a los
municipios. Hasta entonces, los responsables municipales sólo disponían
de autoridad para actuar con la autorización del gobernador civil y del
militar.
"Muchas de esas personas reformistas accedieron a los ayuntamientos
y, desde dentro, pudieron incorporar muchas de sus propuestas teóricas
a la ciudad que ellos tienen en mente, mas ecológica, mas saludable. Es
una ciudad más liberal", destacó la historiadora. Una idea muy
clara era que la gestión tenía que ser llevada a cabo por el
Ayuntamiento, por las instituciones locales, aunque la responsabilidad
de que todo llegara a buen término recaía en toda la sociedad.
Divulgación de las reformas
Según la propia escritora, la prensa jugó un papel importante en la
divulgación de las ideas reformistas que sirvieron a todos los
ciudadanos para darse cuenta de la necesidad de que se diera un cambio,
"ya que recoge las principales demandas de la sociedad de por aquel
entonces. Los obreros, pedían vivienda, trabajo y salud, mientras que
las clases medias demandaban progreso económico, desarrollo industrial
y la mejora de las condiciones de vida".
Las principales reformas que se hicieron fueron en el espacio público,
en las calles, "un espacio compartido por toda la sociedad donde se
contagia lo bueno y lo malo, las enfermedades, las costumbres" y en
el espacio privado como la vivienda. "Los obreros estaban
preocupados por quiénes, dónde y cómo se iban a construir sus casas,
además de las viviendas baratas", añadió Anaut.
Por otro lado y como elemento importante están los servicios sociales
que se dieron entonces, tanto públicos y privados, y que se comenzaron
a gestionar como la Casa de la Misericordia y el Manicomio. En
definitiva, Pamplona estuvo a la altura de la evolución del resto de
ciudades del Estado y, comparando con ciudades similares (amuralladas),
ha desarrollado un buen proceso de higienización que, como apuntó ayer
la propia escritora, "ha ayudado a los ayuntamientos actuales a no
cometer los mismos errores de aquellos tiempos y a continuar con los
aciertos que también tuvieron".
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