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Artículo "Esos olvidados pájaros migratorios bajo las Torres Gemelas" publicado el 29/04/02 en el nº 63 de Titulares1a3.
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N-Esta semana: Esos olvidados pájaros migratorios bajo las Torres Gemelas |
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Esos
olvidados pájaros migratorios bajo las Torres Gemelas Javier
Campos Chile-Hoy "Univisión",
la cadena hispana en Estados Unidos, era la única que el martes 11 de
septiembre mostró en sus trasmisiones, y por mucho tiempo, gente que se
lanzaba al vacío para no morir entre las llamas. Aquellas escenas
impactantes las filmaba un camarógrafo luego de estrellarse los dos
aviones en cada una de las Torres Gemelas. El camarógrafo era un
peruano que acompañaba a la periodista, igualmente peruana,
comentarista de "Univisión" en Nueva York, María Teresa
Vilches. El fue uno de los primeros (quizás primero que los reporteros
de CNN que luego dominaron globalmente la información y la transmisión)
que tomó muy de cerca esas imágenes. Escenas que ningún canal
norteamericano pasó ni ha pasado desde el 11 de septiembre, aplicando
así una estricta censura para no mostrar escenas desagradables, según
la justificación implacable que ha dado CNN. Aquellos
reporteros ya se encontraban muy temprano -cerca de las ocho de la mañana-
en el bajo Manhattan, cerca de las Torres Gemelas, para cubrir las
elecciones que se realizarían ese día en la ciudad. Era poco antes de
las nueve cuando impacta el primer jet en una de las torres. Los
periodistas de "Univisión" estaban de espaldas, a metros de
las torres, por eso fueron -y por pura casualidad periodística- los
primeros allí y el primer camarógrafo que comenzó a filmar en vivo, y
a reportear de inmediato, para la cadena hispana. Eran las primeras imágenes
mundiales de aquellas escenas que cuesta mentalmente procesarlas. No era
un camarógrafo de Steven Spielgberg ni de Stanley Kubrick, ni menos
estaba filmando efectos especiales creados en una sala simulada de
Hollywood, ni menos manipulaba una computadora para hacer realidad y creíble
(a todos los espectadores del planeta) la caída de cuerpos desde las
Torres Gemelas. El camarógrafo peruano dijo en "Univisión",
en una entrevista en la noche del 11 de septiembre, que él lloraba
mientras iba filmando aquellas escenas de gente lanzándose al vacío.
También dijo que cientos hacían señas desesperadas desde los agujeros
en llamas de las torres, a la altura quizás del piso 80, 90 u 100.
"Capté cerca de 12 personas que se lanzaban desesperadas en un
vuelo al vacío y a la muerte". Cuando
yo vi aquella filmación que puso "Univisión" en la noche, se
veían caer los cuerpos como si fuesen pequeños pajaritos a los que se
les habían rotos las alas. Se veía el aletear de sus camisas. Algunos
iban como agarrados al aire, de espaldas y sin moverse. Otros, boca
abajo, descendían casi en cámara lenta y sus ropas iban haciendo señas
a la nada. Eran objetos minúsculos, diminutos, en relación a las
gigantescas torres que ardían y a minutos de derrumbarse como chupadas
por una mano gigante y negra que había debajo de sus cimientos, o
agazapada debajo del mar, escondida en aquellas aguas oceánicas que
rodean la parte sur de la isla de Manhattan. Recién
hablaba con una mujer de Colombia quien me decía que 300 colombianos
trabajaban allí limpiando regularmente los edificios. Trabajadores de
limpieza. Todos desaparecidos. Uno de ellos, luego del impacto de los
aviones, se encerró en una oficina semi-perforada a llamar por teléfono
a su hermano y contarle donde estaba. Fue la última llamada y luego con
él se desmoronaba la primera torre. Pero
lo que no se ha comentado en CNN, cadena que domina toda la imagen e
información de lo sucedido a nivel global, es sobre los miles y miles
de trabajadores de la limpieza y de servicios diversos que trabajaban
allí. De esos cientos, muchos (o la mayoría) eran trabajadores
ilegales de distintos países de América Latina (y de otros lugares del
mundo sin duda) que no podrán ser nunca identificados. Y no lo serán
porque muchos usarían documentos falsificados para trabajar o porque
tampoco estarían registrados en las listas de sus empleadores como
trabajadores legales. Como se sabe, las cifras de ilegales en Estados
Unidos que se manejan son de 11 millones. En grandes ciudades como Nueva
York la cantidad es muy grande. Basta irse a la cocina de un restaurante
en Manhattan, por ejemplo, o ver quienes hacen la limpieza en los
edificios, para darse cuenta que la mayoría son de origen hispano y una
cantidad apreciable son indocumentados. La
identificación de ellos será imposible de determinar porque miles de
indocumentados, que trabajan en Nueva York por ejemplo, han venido
solos/as a este país, cruzando aquella la frontera entre México y
Estados Unidos. A nadie tienen (ni tenían) en este país que los puedan
reclamar o identificar. ¿Cómo algún familiar en México, América
Central, Chile, Perú, Colombia, India, etc., podrá saber en que lugar
de Estados Unidos estaba su hermano, hijo o pariente? ¿Moriría
realmente en esas torres? ¿Era mi hijo quién se lanzaba al vacío para
no morir quemado? Y si él/ella mandaba dinero de algún lugar de
Estados Unidos, ¿cómo saber de qué dirección verdadera o falsa lo
enviaba? Si no tenía a nadie conocido en Manhattan ¿quién podrá dar
fe, Dios mío, que él o ella trabajaba en el turno de la noche de
aquellas majestuosas torres limpiando escaleras, oficinas, hasta las
nueve de la mañana? Si uno mira detenidamente aquellos que se lanzaron, desesperados, entrando con pánico a la muerte, era esa gente que estuvo quizás 8 horas (en el turno de noche) limpiando aquellos dos edificios. Era gente que aún llevaban sus ropas de trabajo. No eran oficinistas. Estoy seguro que la mayoría eran personas de la limpieza. Eran pájaros sonámbulos que una vez cruzaron arrastrándose por la frontera que divide Estados Unidos y México. Pero ahora se iban a las profundidades de la muerte, volando sin alas, sin poder regresar al lugar de donde vinieron. Porque ellos jamás pudieron ser aves migratorias en este país, sino golondrinas de un solo viaje.
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