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Artículo "Millonaria con Fregona" publicado el 25/03/02 en el nº 58 de Titulares1a3.
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N-Esta semana: Millonaria con Fregona |
Recopilación de artículos e informaciones de su interés. |
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UNA
MILLONARIA CON FREGONA El
Mundo, Crónica. 31/03/02 LOTERIA MALDITO ERROR.
EDUARDO DEL CAMPO / PABLO R. LAGO
Casi
14 años después, el caso acaba de entrar en el Tribunal
Constitucional, que deberá decidir ahora si admite el recurso
presentado por Rosario y su familia contra la sentencia de diciembre del
Supremo que daba la razón al Ministerio de Economía y Hacienda, de
quien dependía el organismo de apuestas (ONLAE). De momento, es el
pleito de mayor envergadura que se presenta contra el Estado por una
situación similar. Rosario
no fue quien perdió el resguardo de su apuesta (lo tiene a buen recaudo
en una caja fuerte de una oficina de Banesto en Sevilla), sino la
Administración: «Si yo, como limpiadora, he pagado a Hacienda mis
impuestos, ahora exijo que Hacienda me pague a mí lo que me debe». Y
todo esto empezó con una simple moneda de 20 duros. Una noche calurosa
de junio de 1988, después de pasar el día barriendo y fregando los
retretes y oficinas de una empresa aeronáutica de Sevilla, Rosario se
pone a guisar la cena para su familia. Su hija Puri está rellenando
varios boletos de la primitiva con su novio. La madre hace un alto y le
pide cinco ejemplares para cumplimentar por su cuenta otras tantas
apuestas de las de 100 pesetas, como hace cada semana. «Entonces se me
ocurrió: ¡Vamos
a rellenar una entre todos!», recuerda. «Yo dije un número, mi marido
otro y mis cuatro hijos, uno cada uno». Ella dijo el 26.Su marido
Manuel (que sigue atado como en ese día a su trabajo de peón en una
nave de envasado de arroz) y sus hijos Carmen, Puri, José Manuel y
Carlos (de entre 38 y 28 años ahora, y que le han dado nueve nietos)
completaron el resto de la combinación. Las cruces siguen tachando los
números en la fotocopia compulsada ante notario del resguardo: 26, 29,
35, 36, 41 y 43. Al
día siguiente Rosario llevó el boleto a la administración receptora número
46.238, un local en la carretera de la Isla. Su encargada, Ana Rodríguez
Aranda, cobró las apuestas, las selló y entregó los resguardos a
Rosario. Al boleto de la buena o mala suerte, con el número
938.346.292, le correspondió el sello I-9405304. El
jueves 30 de junio a las 22.00 horas se escenifica en Madrid el sorteo número
26 de la Primitiva. Al día siguiente, a la hora de comer, Rosario
comprueba viendo el telediario que la combinación ganadora es la de
aquel boleto rellenado a seis voces con su familia. 14 años después
ella y sus abogados reclaman 12 millones de euros, ya que suman los
intereses generados en este tiempo. Ese
mismo viernes 1 de julio Rosario fue a llevar su resguardo a la tienda
donde lo selló, pero de allí la encargada la mandó a la delegación
territorial de Sevilla. Un empleado la cortó en seco entonces desde la
ventanilla: «Su apuesta ha sido anulada, señora». El hombre le dijo
que no había aparecido el original del boleto, y le ofreció devolverle
los 20 duros de la apuesta invalidada, pero negándose a darle un
impreso de reclamación. Rosario fue al juzgado de guardia e inició la
batalla judicial. ¿Qué
pasó? En la otra ruta del destino, al original del boleto pagado por
Rosario se le desprendió la mitad del sello en algún momento tras
haberlo recogido la encargada de la tienda, como ésta testificó.
Cuando la receptora fue a llevar las apuestas a la delegación
territorial el 29 de junio, hizo constar que no faltaba ningún impreso
pero que a uno de ellos, el que sería ganador de la primitiva, se le
había caído el sello. El delegado, conforme a la normativa sobre loterías,
invalidó la apuesta que correspondiera al resguardo de ese sello y así
lo anunció en esa oficina, en la tienda receptora y en un anuncio
publicado el día del sorteo en el periódico El Correo de Andalucía.
Hacienda y el ONLAE arguyeron que al no haber encontrado el boleto no lo
habían microfilmado y que por tanto era como si Rosario nunca hubiera
participado en el sorteo. Ella se revuelve aún en el asiento. «¡Yo
no tengo culpa de que la Administración pierda mi boleto». El Estado
le ofreció en dos cartas devolverle los 20 duros, una compensación que
suena a chiste y que para su hijo José Manuel y los abogados indica que
Hacienda acepta implícitamente que Rosario, a la que llaman «querida
concursante» en las misivas, sí participó en aquel sorteo.
«ALGUN
DIA ME DARAN LA RAZON» Con
los huesos erosionados por la descalcificación y la artrosis, la
limpiadora jubilada reconoce que hubiera preferido «ganar menos dinero
pero haberlo cobrado. No es que tema al trabajo, pero de pensar que me
hubiera quitado 14 años de trabajo de mis espaldas, me entra una
impotencia... Pero bueno, algún día me darán mi razón. Digo yo». |
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