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-153 Ver Boletín completo de fecha:  26/01/04

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Los otros habitantes de la ciudad
Aves, roedores e insectos, principales vecinos del hombre urbano

El Diario Montañés Cantabria  26/01/04



ÁLVARO MACHÍN/SANTANDER

No están en el registro civil, ni en el censo, ni dados de alta en la seguridad social, pero viven y trabajan como cualquier otro ciudadano. No tienen DNI, ni pasaporte, ni figura su ficha de nacimiento en los hospitales de la ciudad. Pero son santanderinos, de toda la vida, tanto como cualquiera. Ellos son 'los otros', pero no los de la 'peli' de Amenábar, sino los habitantes silenciosos que acompañan a los seres humanos en su devenir por las ciudades. Aves, mamíferos y, sobre todo, insectos -o, como los llama todo el mundo, bichos- que han hecho de las zonas urbanas su hogar.

Siempre que se piensa en animales de ciudad, la primera asociación de ideas pasa por uno de los seres más odiados, las ratas. Junto a sus primos los ratones forman el núcleo de vertebrados mamíferos más habituales de los entornos urbanos. Se reproducen rápido donde obtienen calor y comida. Cuanto más alimento, más camadas. Una pareja de ratones puede traer nuevos ejemplares al mundo entre cuatro y seis veces al año y, en cada ocasión, el número de crías oscila entre las cuatro y las ocho. Muchos descendientes de Mickey Mouse en muy poco tiempo. 

Zonas y casas viejas, con numerosos recovecos, son propicias para los roedores, que también aparecen con asiduidad en almacenes y, sobre todo, en alcantarillas. Lugares donde no falta residuo orgánico. La introducción de las basuras en contenedores y, en general, el crecimiento de las medidas higiénicas ha reducido su impacto, al menos visual. Se ven menos por las calles, pero hay muchas, aunque existen campañas municipales para controlar su número.

El cielo también cuenta con sus particulares 'ratas'. Las gaviotas se adentran cada vez más en las áreas urbanas. Para buscar ejemplares ya no es necesario pegarse a la costa. No es extraño ver a estos depredadores atacar a otros pájaros de menor tamaño. Ya no comen únicamente peces. Las palomas son uno de sus platos preferidos. El excremento de esta presa es tremendamente agresivo y, si su número se dispara, no es descartable pensar en un problema de salud pública. 

En Santander hay que añadir otra especie voladora, el estornino. Se trata de aves migratorias que cuentan ya con una parada estable en la capital cántabra e, incluso, han anidado. Llegan en octubre o noviembre y permanecen hasta enero o febrero. En función del clima, su estancia puede prolongarse hasta marzo.

Los gorriones son otros pobladores del cielo urbano, aunque su número se ha reducido. Ejemplares de jilgueros, lavanderas (con la cola de color diferente) o palomas turcas -las marrones, que no son torcaces- también aparecen, aunque de forma esporádica.

La legión silenciosa

Pero los 'reyes' de la vida paralela en las ciudades son los más pequeños, los bichos. Un ejército con miles de piernas que transita alrededor del ser humano sin hacer ruido. Son los que mejor se ajustan a la definición de 'sinántropos', animales con tendencia a vivir cerca del hombre. Están muy cerca, mucho.

El mejor soldado de este escuadrón es también el más repulsivo. La cucaracha lo aguanta todo, incluida la radioactividad y se alimenta de residuos orgánicos. Se adapta con facilidad y, por mucho que se limpie, el riesgo de encontrarse con su desagradable visita no desaparece.

Menos molestos, pero igual de empeñados en acompañar a sus 'primos' de dos piernas, son especies como el escarabajo de la harina, muy típico de panaderías o almacenes donde hay piensos. En los árboles platanos hay escarabajos dorados y con las legumbres llegan los gorgojos, que a veces se confunden con los pececillos de plata. El nombre de estos últimos les viene por unas escamas de color purpurina que cubren su cuerpo. Son habituales de las casas, pero no se ven con asiduidad. Son tímidos y salen únicamente de noche en zonas donde hay papel.

Al escarabajo de las alfombras le encanta la fibra vegetal y, por eso, se 'agarra' a moquetas, cortinas Sin embargo, la auténtica especialista en agarre es la polilla portaestuches de los roperos. Con las fibras sintéticas que comen construyen un estuche a modo de vivienda. Si se alimentan de alfombra roja su casa será roja, si ingieren moqueta verde su hogar será verde... Se trata de verdaderos 'okupas'.

Pero el verdadero ejército lo forman las hormigas. Es el más numeroso y el más conocido con sus famosas hileras negras hasta las zonas 'dulces'. Otra especie 'sociable' es la mosca, habitual en verano y 'escondida' cuando el frío aprieta. La común es molesta, pero sus parientes verdes, azules o grises producen sensaciones aún más desagradables.

Para sensaciones incómodas las de piojos, pulgas (las de perro no pican al hombre, pero hay una especia propia del ser humano) y mosquitos. Sólo las hembras mosquito pican, los machos no. Tampoco el gigante cínife ataca, aunque su efecto sobre el césped puede ser devastador.

Tijeretas (con la falsa leyenda de que se metían por el oído), moscas de la fruta (el insecto de los experimentos genéticos) o tegenarias (la araña del garage) son también habituales. Todo ello sin contar los bichos del jardín y, por supuesto, el elenco de animales de compañía encabezado por perros y gatos.

Es mentira aquello de 'sólos en la ciudad'. Ni mucho menos.