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La responsable de Medio Ambiente de la UE se hace un análisis para demostrar la ´toxicidad´ de la vida cotidiana. La sangre de Margot Wallström contiene 28 sustancias químicas artificiales.
ELISEO OLIVERAS BRUSELAS
Todos vivimos con la sangre contaminada por numerosos productos químicos artificiales, altamente tóxicos y de efectos impredecibles a largo plazo para la salud. Las toxinas, lejos de disminuir, se acumulan cotidianamente en el organismo a través de la comida y se transmiten a los hijos a través tanto del embarazo como de la lactancia. Esta difundida sospecha quedó ayer empíricamente probada por los resultados del detallado análisis sanguíneo a que se sometió la comisaria europea de Medio Ambiente, Margot Wallström, para demostrar la urgente necesidad de la nueva normativa que obligará controlar por primera vez la toxicidad de todos los productos químicos.
SUSTANCIAS ARTIFICIALES
El análisis reveló que la sangre de Wallström contenía 28 sustancias químicas artificiales, en especial pesticidas y otros dos grupos de productos muy tóxicos. Entre los pesticidas figura el peligroso DDT, totalmente prohibido en la Unión Europea desde 1983 y al que se asocia con daños al sistema nervioso y reproductivo, así como al desarrollo de cáncer. Los llamados PCB (una especie de dioxina de uso industrial) también quedarán totalmente prohibidos en la UE a partir del año próximo por su carácter dañino para la salud.
PROBLEMA UNIVERSAL
El Departamento de Ciencias Medioambientales de la Universidad de Lancaster (Gran Bretaña) hizo el análisis en el marco de una investigación entre 156 personas de distintas zonas de Gran Bretaña y Bélgica. Los resultados de las pruebas dan cifras similares a las de la sangre de Wallström, lo que muestra la amplia dispersión de la contaminación química en las venas de los ciudadanos comunitarios.
El líder del grupo liberal del Parlamento Europeo, Graham Watson, que también se sometió al análisis, reveló que se habían descubierto en su sangre hasta 31 sustancias químicas, con niveles de pesticidas casi cuatro veces superiores a la estimada media británica.
"Este no es un problema individual, sino universal. Afecta a todo el mundo", afirmó la doctora en Toxicología y Patología de la Universidad de Liverpool, Vyvyan Howard, al presentar los resultados de los análisis. Los elementos tóxicos, añadió, se acumulan en el organismo a través de la cadena alimentaria. "No podemos desembarazarnos de ellos, porque siempre vuelven a nuestro organismo. Los residuos de las sustancias tóxicas en la leche materna se han multiplicado por tres en los últimos 25 años", destacó Howard.
CONTROL A LAS EMPRESAS
Casi ninguna de las 100.000 sustancias químicas que se venden en Europa han sido sometidas a un control de toxicidad. Pese a las protestas de la industria, Bruselas considera que ha llegado el momento de hacerlo antes de continuar el lento envenenamiento a ciegas.
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