|
FLAVIA VELASCO/
ÉL cree estar por encima del bien y del mal, les pasa a muchos, pero sólo es el gerente de una empresa de limpieza. Esta potestad le permite amenazar a una empleada, ante tres testigos por los que está obligada a custodiarse, con meterle una fregona por la boca, por atreverse a contar éstos y otros incidentes de igual orden sucedidos en la empresa. Tuvo el descaro de dar lecciones de modestia a los sufridos testigos que soportaron hora y pico de gritos, golpes y sermón, en el que colocó, como mártir de sus actos al ser públicos, a un hijo de corta edad. Quiso, además, dar imagen de padre para la trabajadora a la que, según él, había colmado de confianza aunque fuera inepta y conflictiva. Sobre la arriesgada empleada pesan amenazas, un despido y una denuncia en el juzgado.
Poco se acuerda de los hijos de los empleados a la hora de remunerar trabajos. Los contratos pueden ser de dos horas, repartidas en: una hora aquí cuarenta y cinco minutos allá y quince en acullá. Las horas fuera de contrato se pagan en un plus de productividad a 3,91 euros, cuando el convenio marca 6 euros, en lugar de hacer una ampliación de contrato y cotizar a la Seguridad Social. Estos tiranos se endiosan y aprovechan porque hay mucho miedo y necesidad.
|