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El Museu de Ciències Naturals de Barcelona estudia cómo hacer frente a los problemas que puedan causar en el futuro
C. ALCÁNTARA - 27/08/2003 BARCELONA
(FOTO: XAVIER CERVERA Dos cotorras de las casi 2.000 que hay en Barcelona, ayer sobre una rama cerca de la plaza Molina)
Cada día desde junio las encargadas del huerto de un monasterio de Sarrià han observado cómo las cotorras iban destrozándolo todo poco a poco. Las dos o tres aves del principio pronto pasaron a ser diez, y después quince. “No han dejado nada; ha sido horroroso”. Primero fueron las peras, después las ciruelas y ahora los higos. “Como ya queda poco que comer, ahora apenas vienen”, dice resignada una de las encargadas. Esta zona es –con Horta y los cultivos del Baix Llobregat– una de las más afectadas por los ataques de esta especie cada vez más habitual en Barcelona, de origen argentino y caracterizada por su agresividad y adaptabilidad.
¿Podrían las cotorras llegar a ser un problema en Catalunya?
Eso es lo que intenta averiguar el estudio que realiza Joan Carles Senar, jefe de investigaciones y publicaciones científicas del Museu de Ciències Naturals, en un proyecto que patrocina la Generalitat, la Diputación y el Ayuntamiento de Barcelona. “Es un estudio preventivo que supone un acierto en la forma de actuar de las administraciones, pues se adelanta a un problema que puede ser grave en el futuro”, indica Joan Carles Senar.
El principal problema de las cotorras es que dañan gravemente la agricultura. En su país de origen, Argentina, se han convertido en una verdadera plaga que arrasa todo lo que pilla. Aquí ya han empezado a actuar. Muchos agricultores del Baix Llobregat se han quejado de los perjuicios que una bandada de unas trescientas cotorras aproximadamente están causando en sus cultivos. (Los payeses del Baix sufren también los ataques de las gaviotas, que destrozan con sus garras los plásticos de los invernaderos). Se estima que en el año 2002 las cotorras picotearon unos 50.000 tomates.
La comunidad de cotorras de Catalunya no es muy importante. De momento. En total se contabilizaron unas 2.200 en el 2001, casi todas en la metrópoli. Pocas comparadas con las palomas: 180.000.
Sin embargo, son una amenaza mucho mayor que éstas, pues son más agresivas y activas que la mayoría de los pájaros. El verdadero problema es que su población siga aumentando tan rápidamente como hasta ahora. “Las aves exóticas son un problema para las especies de aquí, porque no tienen depredadores que las controlen. Por eso gozan de una alta tasa de reproducción y se adaptan muy fácilmente”, explica Senar. Hasta hace poco se doblaba la población cada dos años, y en la actualidad se ha moderado un poco y lo hace cada cinco. “Supone un crecimiento muy alto”, afirma.
En los años 70 en Barcelona sólo había unos 50 ejemplares. Eran animales importados, valorados por su pelaje y color y para hacer compañía. Pero su comportamiento ruidoso e inquieto llevó a algunos propietarios a liberarlos.
Las cotorras argentinas no tienen problemas para construir sus nidos en cualquier lugar. A diferencia de otras especies, que necesitan oquedades donde construir sus “viviendas”, ellas pueden construir nidos en farolas, postes o ramas. En Barcelona, con 150.000 árboles en las calles, tienen donde elegir.
“Por ahora sabemos que se expanden y se reproducen muy rápidamente –dice Senar–. Cuando tengamos concluido el estudio sabremos de qué manera podremos hacer frente a esta sobrerreproducción.”
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